¿Qué es el asesoramiento filosófico (AF)?
“El asesoramiento filosófico (también denominado “orientación filosófica”, “consultoría filosófica” o “consejería filosófica”) es una modalidad de relación de ayuda, brindada a todos los sectores de la sociedad, por la que un filósofo se ofrece a acompañar a sus consultantes o interlocutores en una reflexión dialogada orientada a clarificar, desde una perspectiva filosófica, sus preguntas, conflictos, dudas, retos o inquietudes existenciales.
El filósofo asesor es una persona con formación filosófica que confía en la capacidad trasformadora de la filosofía, pues la ha verificado en sí mismo, y que, por tanto, se siente capacitada para proporcionar a quienes buscan sus servicios una ayuda humana efectiva. El filósofo asesor es un facilitador de la reflexión, de la vida examinada, una reflexión no paternalista y no jerárquica que respeta y fomenta la autonomía y la responsabilidad sobre sí mismos de sus interlocutores, y que se ordena a ayudar a vivir con más conciencia, claridad y profundidad. La principal vertiente de esta actividad de orientación filosófica es individual, si bien su campo de acción se extiende a grupos y a organizaciones, pues la experiencia revela que estos últimos también se enriquecen con el mismo tipo de reflexión filosófica que resulta útil y benéfica a los individuos”.
http://www.asepraf.org/
-Antecedentes históricos del AF-
A pesar de la juventud del AF como práctica filosófica, podemos y debemos encontrar sus raíces más remotas, y también más directas, en el origen mismo de la filosofía, que hizo de esta actividad reflexiva todo un arte de habérselas con el mundo (desvelándose así toda la dimensión práctica que le es propia). No obstante, para ello debemos diferenciar lo que tradicionalmente comprendemos por filosofía, una filosofía académica de tintes marcadamente teóricos, especulativos y metafísicos, de una filosofía llamémosla sapiencial, de vocación práctica y operativa; una filosofía sapiencial, más cercana al concepto de “sabiduría” que al de “ciencia” que, aun existiendo a lo largo de toda la historia de la filosofía, adquirió verdadero protagonismo en sus orígenes, cuando la reflexión, todavía no institucionalizada por la Universidad, mostraba sin tapujos su finalidad eminentemente práctica en la resolución de conflictos políticos, éticos, cósmicos y existenciales; una filosofía sapiencial de la que podemos encontrar trazas a lo largo de toda la antigüedad, desde las reflexiones presocráticas hasta las escuelas helenísticas, pasando por cierta interpretación, no estrictamente metafísica, de Platón y Aristóteles, los tradicionales padres del academicismo filosófico.
El AF vendría a inscribirse así, de algún modo, en esa corriente sapiencial de la filosofía, haciendo de nuestra joven disciplina heredera directa de la esencia práctica que caracterizó a la filosofía en su origen. El AF y todas las formas de hacer práctica filosófica a él vinculados vendría a acercar de nuevo la reflexión, siempre necesaria, a la vida cotidiana, pero no como mero pasatiempo o juego erudito, sino como verdadera herramienta existencial.